Tranquilidad. Cuanto se puede llegar a echar de menos la tranquilidad que has adquirido, a lo largo de toda tu vida, en un solo instante, es una de esas preguntas que no te llegas a cuestionar hasta que llega el momento. Y llega no por que si, no. Llega porque la perdiste. Porque lo único que oyes a tu alrededor es ruido. Ruido y gritos. Y carreras de aquí para allá y más gritos y más carreras y llantos. Muchos llantos y muchos gritos.
Y eso que sólo hace unas pocas horas que se fue. Se fue si, pero afortunadamente para volver. Pero para cuando vuelva ya la habré deseado cien veces y echado de menos mil.
Sólo hace unas horas que se fue y desde entonces también se fue con ella el silencio deseado. La normalidad buscada. La amplitud del lugar y la independencia tan necesaria.
La tranquilidad. Como siempre, tiene que haber algo que la rompa para saber como es. Como siempre, tiene que ser así para que te des cuenta de lo que tienes cuando no está ella.
Somos unos seres incapaces de saber valorar lo que tenemos y cuando lo hacemos no está entre nosotros.
Mira lo que tienes a tu alrededor porque siempre forma parte de ti, lo que tienes, tuviste y tendrás.
Y eso que sólo hace unas pocas horas que se fue. Se fue si, pero afortunadamente para volver. Pero para cuando vuelva ya la habré deseado cien veces y echado de menos mil.
Sólo hace unas horas que se fue y desde entonces también se fue con ella el silencio deseado. La normalidad buscada. La amplitud del lugar y la independencia tan necesaria.
La tranquilidad. Como siempre, tiene que haber algo que la rompa para saber como es. Como siempre, tiene que ser así para que te des cuenta de lo que tienes cuando no está ella.
Somos unos seres incapaces de saber valorar lo que tenemos y cuando lo hacemos no está entre nosotros.
Mira lo que tienes a tu alrededor porque siempre forma parte de ti, lo que tienes, tuviste y tendrás.
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