Tal día como hoy, de hace una semana atrás, me levantaba con la mente puesta en Suecia. Me iba de vacaciones 8 días a este páis nórdico, el de los vikingos, y lo hacía con nervios por no poder comunicarme a mis anchas. Afortunadamente iba muy bien acompañado. Es más, ella sería la que me enseñara su país natal, Suecia. Este es nuestro periplo.
Estocolmo es grande, limpia, silenciosa y se respira aire puro, frío y seco. Son treinta mil islas de todos los tamaños e islotes de apenas 20 metros cuadrados los que bordean la costa y me llamaron la atención en el interior los que obligan a que sea el barco uno de los medios de transporte más utilizados, ya que el coche lo utilizan lo suficiente.
El primer día de estancia en la capital visitamos la ciudad vieja o casco antiguo, el barrio bohemio donde conviven artistas, creadores y periodistas, entramos en una iglesia protestante, hicimos un poco de turismo de calle donde no dejaba de grabar en mi retina cada imagen que me impresionaba y tomamos café en un mirador con unas vistas fantásticas, para terminar almorzando en un thailandés.
Al día siguiente siguiente viajamos hasta una isla que se encontraba a unas horas de la capital sueca. Allí almorzamos gambas ahumadas y cruzamos paseando el bosque hasta llegar a la otra punta donde nos topamos con una pequeña playa en la que unos visitantes tomaban el sol como lagartos e incluso se atrevían a bañarse y eso, que la temperatura de ese día no superaban los 20 grados y la sensación térmica era de un mes de noviembre en pleno otoño.
Paseos en bici, visitas a restos arqueológicos vikingos o andar por mitad del bosque sin salir de la ciudad.
Toda una semana respirando aire puro, purificando mis oídos de ruido y dándole unos días de relax a mis cuerdas vocales. Unos días en los que he disfrutado de cada uno de los momentos que hemos vivido y que he dejado grabado en mi retina, cada paisaje, cada camino, cada casa, cada comida,... a la vez que he intentado que las sensaciones no se me colapsen para poder apreciarlas con toda su intensidad.
Me ha gustado mucho ese pequeño país nórdico extenso en terreno pero con poca población donde la mayoría de ella se ubica al sur ya que el intenso frío impide que habiten en masa el norte. Un país que en verano cuenta con apenas oscuridad y en invierno con tres horas de luz al día. Un país con uno de los inviernos más duros. Un lugar para visitar.
Aquí me quedo poniendo en orden todo lo que he sentido y vivido, mis ideas y pensamientos. Hasta la próxima.
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