Semana Santa

Hay quienes se quedan embriagados por el olor a azahar e incienso. Por el sonido de las bambalinas o el crugir de las trabajaderas. Hay quienes disfrutan del sonido de las zapatillas al rozar el suelo. Ese suelo que tantos y tantos pasos ha sentido al pasar de aquí para allá. Tantas chicotás, largas y llenas de emociones. De llantos y alegrías. De dolor y pena. De eternas levantás y sentidos tabaleos. Es Semana Santa y una cosa es innegable, como epectáculo en la calle es impresionante. ¿Que la lluvia puede, nunca mejor dicho aguar la fiesta? Si. Pero el agua hace falta. He dicho.

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